Percy Riveros -Alzamora
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23 de julio 2019
En el 2019, la
octogenaria ingeniera ha superado ampliamente la edad de jubilarse, pero no
tiene la intención de hacerlo mientras la NASA la necesite. "No quiero
parar, no me interesa nada más".
Cuando Sue
Finley fue contratada por el Jet Propulsion Laboratory de la NASA cerca de Los
Ángeles en la década de 1950, ingresó en un servicio 100% femenino.
"La mujer que estaba a la cabeza pensó que los
hombres no la obedecerían y, por lo tanto, solo contrató mujeres",
cuenta Finley, que ahora tiene 82 años y es la empleada más antigua de la
agencia espacial estadounidense.
Su historia ilustra el recorrido de muchas mujeres
de su época. Su contribución a los grandes programas espaciales de Estados Unidos , como el del
resto de las entonces llamadas "calculadoras humanas", ha
permanecido en la sombra aunque es esencial: gracias a estas mujeres dotadas de
grandes habilidades matemáticas, los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin pudieron
caminar en la Luna hace 50 años.
Sus cálculos permitieron construir los cohetes,
diseñar los combustibles y desarrollar las antenas que conectan a los
astronautas con la Tierra.
Finley siempre ha amado los números. En la
secundaria sacaba las mejores calificaciones y ganó una competencia para
resolver ecuaciones de química mentalmente.
Su primera orientación fue la arquitectura, frente
a la que desistió por falta de cualidades artísticas, relata. Así que se
presentó al puesto de secretaria en una compañía aeroespacial. Pero escribía
mal a máquina y no superó la prueba de contratación.
"Me preguntaron: '¿Te gustan los números?' Yo
respondí: 'Oh, prefiero por lejos los números a las letras'", recuerda con
una sonrisa. Así comenzó su carrera como una "computadora humana".
El trabajo entonces consistía en hacer cálculos a
mano y en máquinas electromecánicas llamadas "Fridens".
Después de conocer a su esposo, Peter Finley, tuvo
la idea de postularse al Jet Propulsion Laboratory, fundado por la Universidad
de Caltech y que hoy en día es el principal centro de exploración del sistema
solar de la NASA.
Allí se encontró con un departamento lleno de las
famosas mujeres"human computers". Otra razón de la
preferencia por las féminas allí, explica, es que "las mujeres son
más baratas. Y siempre ha sido así".
Una matemática
Pese a ello, el trabajo daba prestigio y esas
mujeres eran respetadas por los hombres, recuerda Sue. Pero un día decidió que
quería criar a sus dos hijos, después de la muerte al nacer del primer retoño
de la pareja.
Dejó de trabajar entre 1963 y 1969 para quedarse
con ellos, hasta que se dio cuenta de que ser ama de casa la estaba conduciendo
a una depresión.
"Yo era completamente nula como ama de
casa", dice Sue. "El psicólogo me dijo
que realmente tenía que volver al trabajo", indicó.
La decisión no fue trivial. "Cuando
volví a trabajar como madre y esposa, fui realmente una pionera de la
liberación de la mujer".
Al volver, el JPL había cambiado profundamente: las
computadoras con procesadores habían reemplazado a las humanas. Así que para
seguir siendo competitiva, Sue decidió aprender el lenguaje informático
Fortran.
Una de sus hazañas más grandes, según cuenta
Nathalia Holt en el libro "Rise of the Rocket Girls", es haber
conseguido una solución para recuperar la sonda Galileo, que en octubre de 1989
sufrió un grave desperfecto.
Una de las antenas de la sonda no se había abierto
al salir de la órbita de la Tierra. Finley formó parte del equipo que diseñó un
programa para aumentar la capacidad de la red terrestre de antenas de la NASA
para que pudieran escuchar las señales débiles enviadas por las otras antenas
de Galileo.
El programa funcionó, lo que permitió a Galileo
enviar a la Tierra las espectaculares imágenes de un cometa desintegrándose, o
descubrir una luna en órbita alrededor de un asteroide.
Su misión preferida, sin embargo, fue el programa
Vega para el estudio de Venus, una colaboración en 1985 entre la Unión
Soviética y otros países, incluido Francia.
La misión consistía en lanzar globos sonda a la
atmósfera del planeta. El papel de Finley era mejorar la eficiencia y la
precisión de las antenas para rastrear el avance de los globos.
"Era mi misión favorita porque era un grupo
pequeño de personas", afirma.
Más tarde, esta especialista en radiocomunicaciones
ayudó a aterrizar los robots exploradores Spirit y Opportunity en Marte en el
2004, y a que llegara la sonda Juno a Júpiter en el 2016.
"Es como una búsqueda del tesoro o un
misterio: tratamos de resolver problemas", dice
simplemente sobre su trabajo.
En el 2019, la octogenaria ingeniera ha superado
ampliamente la edad de jubilarse, pero no tiene la intención de hacerlo
mientras la NASA la necesite. "No quiero parar, no me interesa
nada más".
Revista virtual
conclusiones
Sue Finley a sus 84 años aun no
piensa en su retiro . fue una científica q en sus inicios le fue un poco
complicado al entrar a trabajar Jet Propulsión Laboratory de la NASA ya que los
hombres que trabajaban con ella no le hacían caso por ser mujer. por lo cual
deicidio contratar solo mujeres. se desempeño muy bien y gracias a ellas y sus
calculos ke hizo ayudo a construir cohetes , combustibles y las antenas que
permitieron conectar a los astronautas con la tierra. realizo varias hazañas
como recuperación de sondas espaciales , pero su mayor pasión fue el estudio
del planeta venus,En el 2019, la octogenaria ingeniera ha superado limpiamente
la edad de jubilarse, pero no tiene la intención de hacerlo mientras la NASA la
necesite. "No quiero parar, no me interesa nada más". fueron sus
palabras la veterana científica.


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